jueves, 25 de octubre de 2012

THE TEMPLE BAR


Nos había unido un santo: San Valentín, hace siete años, en el Temple Bar de Dublín. No sé si por azar, o porque los dos queríamos celebrar de un modo menos solitario el día de los enamorados, nos aventuramos por separado a la búsqueda de nuevas emociones. Ella tenía 44 años y, —añadió— soltera por vocación.

—Pues la mía, de emparejado reincidente —respondí, sin mencionar cuantas veces y ocultando que mis años sumaban veinte más a los suyos.

Nos habíamos mirado antes, con atrevimiento, en el embarque del aeropuerto de nuestra ciudad, también momentos antes del vuelo a Dublín, pero durante el mismo ya no volvimos a vernos. Parecía insegura. Movía constantemente la cabeza, como si le faltara algo que hubiese olvidado y no lo fuera a recuperar. Pensé en ella durante las dos horas que anduve vagando por la O’Connell Street, ajeno al flujo de personas que me rozaban, a las constantes  muestras del “pardon” ocasional mientras se abrían paso a fuerza de descarados empujones. Concentrado solo en su desasosiego, en ese mechón rizado y cobrizo que le ocultaba la frente, en cuál sería el motivo que le habría llevado llegar a la misma ciudad que yo.

Entré extenuado al Pub. Me acerqué a la barra con la intención de sofocar la sed y la angustia de solitud, que ya empezaba a ser insolente. El camarero leyó mis pensamientos mostrando una tentadora Guinness que no rechacé. La barra estaba ornamentada con corazones rojo brillante y al fondo se distinguían bandejitas rojas de patatas chips, maíz y almendras fritas, que incrementaban mis ansias de beber. Al tercer sorbo me volví para contestar a la voz que preguntaba:

—Disculpa, ¿sabes quién es el coordinador de todo esto?—dijo, y se quedó petrificada al reconocerme.

—Podría ser San Valentín, ¿no? —le susurré para impresionarla.

Me lanzó una mirada ambigua, entre aprobación y desagrado y a continuación exhibió la clave de su participación en el concurso, establecida en el Temple Bar:

Este año, después de jugar enamórate o cámbialo

—Ganarás el primer premio—contesté,  invitándola a contemplar la luna en la ribera del Liffey.

No hay comentarios:

Publicar un comentario