sábado, 5 de marzo de 2011

DINÁMICA DEL DOMINGO

El amanecer del domingo es distinto al amanecer de cualquier día. Por eso yo practico algunas extravagantes reverencias a la naturaleza que, el resto de semana son impensables.
La mañana aún no está desperezada del manto que oculta el néctar solar, pero sé, por la textura flexible de las plantas –método aprendido de mi avispado y querido padre, que hoy será una mañana radiante de embrujos ocres en el Montseny. Los amplios conocimientos de mi padre en cuestiones campestres siempre han sido el barómetro que ha forjado, desde niña, cualquier planificación excursionista; a él le debo la pasión y culto del andar en equilibrio por caminos surcados de tierra y piedras galácticas.
Preparo cesta y cuchillo setero, por si acaso al adentrarme en la espesura húmeda del bosque reconociera algunos ejemplares de hongos, entre los que puedo distinguir algunos comestibles.

La primera reverencia matinal es la elaboración del chocolate caliente con dos churros que pongo en el horno. Cuatro minutos dura el proceso de neutralizar el hielo –leo en las instrucciones del paquete congelado. Y mientras me dirijo al cuarto de baño abro la alcachofa de la ducha y compruebo la temperatura del agua. Acto seguido entorno la ventana de la habitación que, ya ha dejado paso al oxígeno limpio, entretanto ordeno la cama y ropa utilizada ayer. Regreso como una centella al baño para esta vez introducirme en el chorro tibio del agua al que diluyo un poco del jabón concentrado con no sé cuántos limones caribeños. No especifican cantidad en el frasco.
Las noticias del tiempo en la radio son favorables: “...día soleado. Temperaturas: máxima 13.4, mínima 9.2” escucho risueña a la vez que me llevo al paladar el primer churro rebosante de chocolate.

La segunda reverencia, extásica para los profanos, tiene lugar antes de llegar a Fontmartina. Ahí, en el esplendor de la ladera silenciosa –abetos como centinelas arrogantes y hojas secas de haya que parecen llorar las pisadas- detengo la marcha con el bello poema en la memoria:

L’AIRE DEL MONTSENY

He encontrado mi sitio
y mi libertad:
la montaña, el agua, el prado,
el aire, el aire del Montseny.

Cada precipicio, cada crestón,
misterio de soledad:
el par, el hombre, al rebaño,
el aire, el aire del Montseny.
Todo es puro, dulce y firme
y fuerte como la eternidad:
silencio, paz y combate,
el aire, el aire del Montseny.

Font Bona en Sant Marçal
Poema de Gerau de Liost

Mm. Pere Ribot (1968)

1 comentario:

  1. Un mensaje poético de reminiscencia y nostalgia, contrastado con nuestro actual vivir, mensaje que nos motiva a acercarnos a la naturaleza para encontrar el sentido íntimo de nuestras vidas.
    La autora además nos muestra lo acertivo del conocimiento empírico adquirido en nuestro entorno natural y nos invita a pensar en nuestro alejamiento creciento de nuestra propia capacidad cognitiva para reemplazarla por la información tecnológica.
    Me parece muy interesante, apta para quienes les gusta pensar.

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