El avión, de cuatrocientas toneladas de peso, comienza a descender bruscamente entre las nubes. Adrián mira al hombre oriental que como él ha decidido conservar la calma mientras se escuchan alaridos de pavor de los seiscientos pasajeros de abordo. Carritos con bebidas se desplazan sin freno por la nave, compuertas de equipajes se abren y cierran mientras dejan escapar máscaras y chalecos salvavidas en grotesca suspensión por la hermética atmósfera a tres mil metros de altitud.Dos, tres o cuatro interminables minutos de incertidumbre por el cielo apagado de Singapur hasta que se hace audible la voz relajada y chistosa del comandante.
─Señores: el A380 ha soportado tormentas mayores. No deben inquietarse ¡Preparados para el aterrizaje… a la derecha, la playa!
El japonés hace un guiño a Adrián con la mirada soplando levemente entre los dientes que a él le parece de oportuna colaboración por haber sobrevivido juntos al harakiri colectivo.
De haber imaginado los retrasos aéreos en los que últimamente se veía inmerso, la clienta de Adrián no le hubiera contratado.
─El dinero puede comprarlo casi todo –le había dicho en su despacho la enigmática mujer a Adrián un mes antes del pacto-. Tengo suficiente, así que no repares en gastos. A cambio exijo puntualidad y rigor. ¿Aceptas, sí o no?
Sin embargo, Adrián no entendía como alguien que manejaba intereses en cinco continentes y fuera influyente en decisiones de economía mundial recurriera a él para seguir la pista a su sospechoso marido. Pero supuso que la diferencia de treinta años entre ellos era el motivo que quería poner a prueba la esposa “comprando” su incondicional fidelidad.
─Claro que acepto señora. Cumpliré escrupulosamente sus deseos.
El marido se había aficionado a viajar en el jet privado que financiaba su mujer, con la excusa ─cuando ella insistía en acompañarle- de que en Oriente los negocios los cierran sólo los hombres. Ya sabes, amor, los prejuicios que tienen ahí contra la mujer, por eso viajo solo. La ausencia ─insistía él con ojos enamorados- es necesaria porque incrementa el deseo de volver a estar contigo de nuevo.
─No tengo la prueba definitiva –dijo ella con arrogancia-. Espero que la halles tú en Singapur. Puede tener forma humana, femenina, aproximadamente de veintiún años. Se hospedan en el Hotel Goodwood Park. Si es así, utiliza el material de la bolsa A y deshazte del cuerpo. Diez mil dólares limpiarán cualquier duda de remordimiento. Cuatro mil los encontrarás en la bolsa B. El resto lo recibirás el día siete en la Banca Mora andorrana, a las doce en punto.
Un relato dinámico y realista de una tormenta aérea , nos une a la aventura de Adrián, un hombre como muchos en nuestros días, impresionable , irreflexivo e influenciable, quien ni siquiera tiene conciencia de que se ha convertido en un espía y sicario al cerrar un trato con su enigmática clienta.
ResponderEliminarUn mensaje entretenido. Recomiendo leerlo.