¡Ya-Allah!¹ Si es verdad que tú eres el más Grande, dime porqué permites que se apodere de mí la desesperanza y el dolor. ¡Ya-Allah! disculpa por dudar de ti pero hoy me han herido de gravedad en el cuello, y tal vez sea ésta la última oración que te dedique. Sabes que no he desatendido la comunicación contigo, y te he ofrecido mis súplicas en el más absoluto estado de pureza, pero ahora, con la impureza de la sangre que mana a borbotones de mi garganta quiero decirte ¡Ya-Allah! aunque no sea gran devoto, que me he esforzado por complacerte. Sabes que he disfrazado la fe con el manto del respeto escuchando y también silenciando, para no ofender a los hermanos coptos y laicos. Tal vez consideres que no soy un buen musulmán, tampoco yo lo creo, por no exteriorizarlo en la medida que otros lo hacen pero, te aseguro que te siento conmigo en este triste percance, y no vas a abandonarme. No es la posibilidad de la muerte lo que me inquieta sino el porvenir de mis cinco hijos pequeños. Miro –desde la perspectiva supina en que han colocado mi cuerpo- el azul infinito y limpio del cielo de mi querido Cairo. Millares de voces se alzan proclamando libertad. Noto el sostén de brazos vigorosos, hombres valientes y fuertes que se apresuran a socorrerme. No te asustes –dicen al elevarme sobre sus hombros-, te llevamos a la ambulancia, al otro lado del río. ¡Ya-Allah! Tengo sed, sólo trago esta sustancia densa y caliente que abrasa por dentro y sabe a sal y azufre. ¿Quién va a alimentar a mis hijos? ¿Cómo iba a sospechar siquiera, después de la llamada del imán a la plegaria matutina donde me he congregado, que alguien volcaría su ira contra mí, humilde pacifista, comerciante honesto del barrio Jan el-Jalili? Ha sido todo tan rápido ¡Ya-Allah! No, no puedo aceptar este disparo ¡porque ha sido un arma de fuego la que ha destruido mis sueños de esperanza! Sabes además lo que pienso acerca de los héroes, así que por favor no me conviertas en uno de ellos, al menos de modo prematuro pues ninguna revolución debería tenerlos. Tampoco es honrado mantener a los tiranos, ni que miren a otro lado los Estados cuando se pide pan y justicia. Amo demasiado la vida para entregarla en esta plaza atestada de violentos. Vine a clamar contra el derecho a la libertad, no a que me acallaran para siempre. Tawak-Kalto Al-Allah².1¡OH Dios!
2Yo confío en Dios
Invadido por el pánico que a muchos provoca la cercanía de la muerte , el protagonista invoca a Dios para pedirle ayuda, confesando sus debilidades y flaquezas , auto-justificándose , manipulando a través de sus hijos e inserto en sus propias mezquindades no deja ver gestos de nobleza para lograr la ayuda y el perdón.
ResponderEliminarMuy buen tema para iniciar una conversación.Recomiendo leerla.
Ramón Serra Fuentes
Santiago , 04 de mayo de 2011