El coche se aproxima al cruce de la carretera comarcal CV-626. Sofía aminora la marcha suavemente para girar a la derecha siguiendo la ruta del mapa turístico.El cartel semi-tapado por el frondoso castaño deja entrever las últimas letras de la población: ULALIA. No aparece en el incompleto mapa, pues sólo están señalados los centros de interés artístico monumental. Las dos amigas que acompañan a la conductora se miran extrañadas y diciendo al unísono ¡uau qué aventura! A continuación un murmullo de risas de las tres mujeres y la pregunta lanzada por Sofía: ¿Estáis seguras que habrá vida en este pueblo fantasma? Decidme, ¿paro o, doy la vuelta en cuanto pueda? Ni se te ocurra, contestan. Son las tres y media de la tarde y llevamos el peso de la historia de dos monasterios a nuestras espaldas. Continúa hasta el pueblo. No sé vosotras, pero a mí tanta piedra y tanto culto explicado por frailes me dan un hambre atroz, además tengo curiosidad por conocer el nombre completo del lugar –concluye Marta. –Pero ¿cómo se debe llamar este sitio? -dice esta vez Silvia intrigada mirando por la ventanilla.
La recta de dos kilómetros hace ver simétricamente alineados los cipreses del margen de la carretera que desemboca en una pronunciada curva y, un nuevo cartel visible y reluciente con la indicación: BIENVENIDOS A TABULALIA.
Las tres mujeres habían escapado de la gran ciudad con afán de imbuirse en la ruta románica por el noroeste del país y que ninguna de las tres conocía.
Fue Silvia la coordinadora del viaje a raíz de una confusión telefónica con un sacerdote de la provincia donde ahora se encuentran. Ella trabajaba en el despacho de abogados matrimonialistas en el World Trade Center y aquella tarde esperaba la llamada de un marido aportando datos para su divorcio contencioso.
¿Señorita, podría indicarme día y hora de la peregrinación a Jerusalén?
No entiendo su pregunta. Es usted ¿Luis Martínez…?
Sí, sí, el mismo.
Disculpe, no es momento para bromas. ¿Ha preparado el informe para que podamos tramitar los derechos sucesorios?
A ver, ¿estoy hablando con el arzobispado…?
El tal señor Martínez era un párroco del valle prepirenaico PASTVACAL. Cuando aclararon el malentendido, él animó a Silvia a conocer su comarca plena de huellas del pasado y gente encantadora. El entusiasmo trasmitido por el sacerdote contagió pronto a las amigas para organizar el viaje.
Me fascinan estos parajes de aire limpio remarca Sofía contemplando la plaza que se ve enfrente adornada con laureles y espliego en enormes jardineras de madera de cedro. Parece otro mundo, no es de extrañar que los Atilios prefirieran quedarse por aquí respirando estos perfumes. Aunque he notado algo raro en el mausoleo que no puedo precisar, como si el tiempo se detuviera y se llenara de vacuidad. Presiento que algo nos va a engullir.
Desde que has dejado de conducir dices cosas extrañas –apunta Silvia. A continuación mira a sus amigas con ojos de criatura traviesa: Chicas, si no os importa yo me adelanto siguiendo a mi astuta nariz que en estos momentos me indica que no muy lejos de aquí se cuece algo muy sabroso. Sí, vamos contigo, Silvia.
El eco de sus pasos en el asfalto caliente se dispersa por la algarabía del local que anuncia “Atracgulas”. No se ve un alma en la calle de la pequeña población, pero parece que los pocos habitantes están todos concentrados en la grandiosa sala del restaurante que huele a cordero y a alcachofas a la brasa.
Un hombre de mediana edad y rostro afable se dirige a las tres muchachas. Sofía le pregunta si pueden quedarse a comer. Claro que sí, seguidme. No os arrepentiréis de haber entrado en mi casa. Las acomoda en una mesa que en el centro tiene un ramo de violetas frescas, y a los costados cuatro sillones de cuero negro. La cuarta silla es ocupada por él.
Bien dice el hombre con pose enigmática os haré una presu, o sea, pregunta suelta: ¿de dónde sois? No importa, de TABULALIA no se sale jamás.
TABULAQLIA ( Tabu lalia )
ResponderEliminarUn mensaje entretenido y realista que desnuda con sutileza, la curiosidad e impulsividad femenina ante lo desconocido.
Aconsejo leerla y adjuntar una copia en la guía de viajes para asegurar un grato retorno.
Ramón Serra F.