
Cómo todas las cosas suceden por alguna razón, seguramente a la tuya no le faltan, y pienso muchas veces cual sería el motivo que te llevó al reparto en copias del manuscrito. A lo mejor ya ni te acuerdas o quien sabe, si aquello fue el lanzamiento hacía el estrellato social, dejando atrás el submundo del “costo del güeno” que reflejaba tu nota.
Entre alguna de mis costumbres está la de fijarme en las caligrafías de los demás. Una manía, supongo, para imaginar como es la persona que escribe a través de los trazos gráficos que expone. Lo considero como un juego apasionante; y, jugando a la sinceridad, algunas veces, equivocando el pronóstico. Normal, no soy profesional.
Observé con atención la huella del escrito cuando apareció publicado en la prensa del 2007, concretamente el 24 de abril.
El titular, anunciado como “delito contra la salud pública”, pretendía impresionar resaltando tu detención, qué dicho sea de paso, les pusiste en bandeja por exceso de candidez. Leí la noticia completa pero, como decía, la lectura resultó indiferente. Los ojos se posaron directamente en la unión de letras más que al modo en que expresabas esa original venta del hachís
Detenida en el primer trazo de la C de “Costo”, principio del manuscrito, fue aproximarse a la compasión -o así lo creí- por la fisura inferior que contenía la letra. No te salió un semicírculo curvado, y ese detalle, se me antojó grave imaginando la triste e incierta existencia que llevabas en tu barrio. Sin embargo, la “T” desplegaba esa verticalidad tan asombrosa, que cualquier entendido, la asociaría a firme voluntad de hierro indispensable para afrontar la vida.
Del resto de rasgos destacaría, por el mismo orden que aparecieron: ternura, independencia, amor propio, sensibilidad, inmadurez y, rizando el rizo, hasta dotes artísticas relacionadas con la ingeniería.
Ahora me pregunto si habrás canalizado convenientemente estas cualidades para hacer de tu negocio otro modo lícito de convivencia.
Mucha suerte, Marcos.
Entre alguna de mis costumbres está la de fijarme en las caligrafías de los demás. Una manía, supongo, para imaginar como es la persona que escribe a través de los trazos gráficos que expone. Lo considero como un juego apasionante; y, jugando a la sinceridad, algunas veces, equivocando el pronóstico. Normal, no soy profesional.
Observé con atención la huella del escrito cuando apareció publicado en la prensa del 2007, concretamente el 24 de abril.
El titular, anunciado como “delito contra la salud pública”, pretendía impresionar resaltando tu detención, qué dicho sea de paso, les pusiste en bandeja por exceso de candidez. Leí la noticia completa pero, como decía, la lectura resultó indiferente. Los ojos se posaron directamente en la unión de letras más que al modo en que expresabas esa original venta del hachís
Detenida en el primer trazo de la C de “Costo”, principio del manuscrito, fue aproximarse a la compasión -o así lo creí- por la fisura inferior que contenía la letra. No te salió un semicírculo curvado, y ese detalle, se me antojó grave imaginando la triste e incierta existencia que llevabas en tu barrio. Sin embargo, la “T” desplegaba esa verticalidad tan asombrosa, que cualquier entendido, la asociaría a firme voluntad de hierro indispensable para afrontar la vida.
Del resto de rasgos destacaría, por el mismo orden que aparecieron: ternura, independencia, amor propio, sensibilidad, inmadurez y, rizando el rizo, hasta dotes artísticas relacionadas con la ingeniería.
Ahora me pregunto si habrás canalizado convenientemente estas cualidades para hacer de tu negocio otro modo lícito de convivencia.
Mucha suerte, Marcos.
